Hay mañanas en las que apenas abrimos el computador ya estamos trabajando.
Abrimos el correo, respondemos un mensaje, revisamos una tarea pendiente y, antes de darnos cuenta, ya estamos pensando en todo lo que tenemos que hacer durante el día.
El día empezó, pero nosotros todavía no hemos llegado.
Me gusta pensar que podemos hacerlo de otra manera.
No necesariamente levantándonos mucho más temprano, haciendo una rutina de veinte pasos o intentando convertir cada mañana en una experiencia perfecta. A veces basta con unos minutos antes de empezar.
«Llegar al computador con un poco más de intención. Antes de abrir el correo, abrir una página distinta».
Empezar el día escuchándonos
Escribir unas líneas sobre cómo estamos. Anotar algo por lo que sentimos gratitud. Responder una pequeña pregunta. Dejar por escrito aquello que tenemos dando vueltas en la cabeza.
Puede ser tan sencillo como preguntarnos:
- ¿Cómo quiero sentirme hoy?
- ¿Qué necesito de este día?
- ¿Qué quiero recordar mientras trabajo?
No se trata de encontrar respuestas extraordinarias. Se trata de empezar el día escuchándonos antes de empezar a escuchar todo lo demás.
Una rutina con intención no tiene que ser algo nuevo que agregamos a nuestra vida. De hecho, puede ser exactamente lo que ya hacemos.
- Tomar el café de la mañana, pero hacerlo sin revisar el teléfono al mismo tiempo.
- Caminar hacia el trabajo y prestar atención a las calles.
- Almorzar sin mirar una pantalla.
- Preparar la comida escuchando una canción que nos gusta.
- Salir a caminar después de una tarde larga.
- Escribir cinco minutos antes de empezar a trabajar.
La diferencia está en la atención
La diferencia está en la atención.
Hacer algo porque lo estamos haciendo, no solamente porque es el siguiente punto de una lista.
Cuando estamos presentes en lo que hacemos, también tenemos más oportunidades de notar cómo estamos:
- Si estamos cansados.
- Si estamos tensos.
- Si necesitamos una pausa.
- Si llevamos varias horas haciendo cosas sin haber respirado realmente.
Y esa atención puede ayudarnos a no llegar tan fácilmente al punto en el que todo se siente demasiado.
Creo que una de las cosas más bonitas de las pequeñas rutinas es que no necesitan convertirse en otra obligación.
Pequeños rituales de regreso
No tienen que durar una hora. No tienen que hacerse perfectamente todos los días. No necesitan una preparación especial.
Una buena práctica es una que podemos incorporar fácilmente a nuestra vida y que, después de hacerla, sentimos que nos dejó algo.
Por eso me gustan tanto los pequeños rituales:
- Cinco minutos para escribir.
- Un momento para agradecer.
- Una caminata corta.
- Respirar antes de abrir el correo.
- Tomarnos el café sin mirar el teléfono.
Pequeñas pausas que funcionan como puntos de regreso durante el día.
Porque no siempre podemos controlar todo lo que sucede alrededor. No podemos controlar cuántos correos llegarán, qué problemas aparecerán en el trabajo o qué cosas inesperadas tendremos que resolver.
Pero sí podemos intentar no vivir todo el día en automático. Podemos detenernos de vez en cuando y preguntarnos cómo estamos.
Un espacio que sea solamente tuyo
En Inner Villa queríamos que existiera precisamente ese pequeño espacio.
Un lugar al que puedas entrar desde tu computador antes de comenzar el día, hacer una pausa y escribir un poco.
No para convertir el journaling en otra tarea pendiente. Sino para crear un momento que sea solamente tuyo.
Puedes abrir una plantilla de gratitud, escribir unas líneas o simplemente dejar que tus pensamientos estén ahí durante unos minutos.
Y después sí: abrir el correo, empezar el trabajo, responder lo que tengas que responder.
Pero hacerlo desde un lugar un poquito diferente.
Con la sensación de que primero llegaste tú
y después llegó el resto del día.
Créditos de imagen
Fotografía de portada: Oakywood (@oakywood)




